No puedo soportarlo. Detesto esa horrible sensación que se apodera de mí cuando entra, baja y se aposenta en mi interior. El porqué, me lo pregunta mi ser, respondiendo mi cabeza con una estúpida explicación, pero creíble y válida para mi propia destrucción, para un propio labrado inconsciente de mi muerte.
Tal y como cuando te tatuas el nombre del que será tu ex. Al principio te encanta, después te arrepientes, pero cada vez que lo miras te recuerda a él y duele. Quieres sacarlo de ti cómo sea, aunque el daño sea mayor al que te produce verlo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario